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Comentario sobre Pavana de G. Fauré

    pavana

    Gabriel Fauré, compositor, intérprete, profesor

    Organista, maestro de capilla en La Madeleine, pianista y profesor de composición en el Conservatorio de París, Gabriel Fauré (1845-1924) comenzó su carrera influido por Mozart, Schumann, Chopin o Gounod. También se formó en la Escuela Niedermeyer, donde se ampliaban los horizontes teóricos de la armonía vigente desde Rameau.

    Tiempo de recapitulación en Francia: entre la tradición y la modernidad

    Mientras en Alemania, con Wagner, se agotaba hasta el límite la armonía tonal, en Francia se exploraba la tradición modal, y el canto gregoriano estaba siendo depurado con criterios historicistas e influía en la música de creación.

    En ese mundo de recapitulación del pasado aprendió Fauré a utilizar armonías sutilmente disonantes y efectos cromáticos que con el tiempo desarrolló para, partiendo siempre de la melodía, intensificar su poder emotivo. Compuso numerosas mélodies, la versión francesa del Lied alemán, y a medida que se hundía en la sordera, sus obras para piano se volvían más inquietantes y oscuras.

    Una pavana para una condesa

    Fauré compuso la Pavana op. 50 para orquesta partiendo de una pequeña pieza para piano, y la dedicó a la sofisticada Condesa Greffulhe, mecenas de Whistler, Moreau, Rodin o Marie Curie, e inmortalizada por Proust como la Duquesa de Guermantes de En busca del tiempo perdido. Ofreciendo veladas y organizando conciertos, de los que Fauré se encargó durante un periodo, la Condesa mantenía la tradición de los salones del París del siglo XVIII.

    De los salones a las salas de conciertos

    Lo auténticamente moderno fue ofrecer la actividad cultural de su círculo elitista a un público general; en 1890, con todos los grandes compositores del momento, promovió la Sociedad de Grandes Audiciones Musicales de Francia para alentar a los músicos franceses y garantizar la interpretación de sus obras ante un amplio público.

    Orquesta y coro invisibles, mimo, danza y simbolismo

    Tanto la versión orquestal de la Pavana como la versión para orquesta y coro se estrenaron en noviembre de 1888, y tres años  más tarde la Condesa volvió a programarla en la Isla del Bois de Boulogne con una nueva interpretación que atendía a todos los deseos de Fauré: orquesta y coro invisibles para el público, mimo y danza.

    El texto de Robert de Montesquiou-Fézensac para la versión coral nos remite a la tradición pastoril de la música francesa del XVIII, está próximo a las Fiestas galantes de Verlaine y marca la aproximación de Fauré al simbolismo.

    La ceremoniosa pavana, “ni muy a espacio ni muy apriessa”

    La pavana, una danza solemne y ceremoniosa corriente en las cortes de los siglos XVI y XVII, no es de origen español, como a veces se sugiere. Nuestro vihuelista Luis de Milán indica:

    “Esta fantasia […] hase de tañer ni muy a espacio, ni muy apriessa, sino con un compas bien mesurado; el ayre della remeda el ayre de las pavanas que tañen en Ytalia” 1

    El maestro, 1536.

    Saint-Saëns, Fauré, Ravel

    Son innumerables los ejemplos franceses de pavanas de finales del XIX; Saint-Saëns, maestro y luego amigo de Fauré, incluyó una pavana en su ópera Étienne Marcel (1879). Debussy lo hizo en su Suite bergamasca  (1890) y Ravel, discípulo de Fauré, siguió a su maestro en La Bella del bosque durmiente y en la Pavana para una infanta difunta (1899), esta sí concebida como homenaje expreso a la España del Siglo de Oro y a la sobria elegancia de los Austrias.

    Cualquier tiempo pasado….

    Pero no nos engañemos, el resultado de todas ellas está tan lejos de una recreación histórica como lo está de Velázquez el Manet que copiaba a los maestros del Museo del Prado, o el Rostand de Cyrano de Bergerac (1897) de la corte de Luis XIII. Francia se distanciaba del romanticismo sin romper con sus fuentes de inspiración y manteniendo el mito de la España romántica.

    Ballets Rusos al son de la pavana

    Ya en 1916 Léonide Massine, el coreógrafo de los Ballets Rusos de Diaghilev, cuyo repertorio  musical solía encomendarse a la nueva sensibilidad de Debussy, Ravel, Falla, Poulenc, Stravinsky o Prokofiev,  utilizó la Pavana de Fauré en su montaje Las Meninas.

    El encanto nostálgico de esta obra, una pieza “de salón” para orquesta, nunca ha perdido popularidad.

    N. Silva, junio 2020

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