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Comentario sobre el Réquiem de Mozart

    Nos gustaría compartir con vosotros este comentario sobre el Réquiem de Mozart preparado por nuestra compañera y jefa de sección de violonchelos, Andrea Bernal.

    ¿Pasó Mozart sus últimos días escribiendo su propio Réquiem?

    Durante los últimos siglos han surgido muchas historias, más o menos verosímiles, alrededor del Réquiem de W. A. Mozart y los últimos momentos de la vida de este compositor. Pero realmente, ¿quién encargó la obra? ¿Para quién? ¿Pasó Mozart sus últimos días escribiendo una misa para honrar su propia muerte?

    Sabemos que en julio de 1791 apareció en casa de Mozart un mensajero anónimo para encargarle una misa de Réquiem. Según su viuda, Constanza, el compositor ya enfermo vio en el desconocido la encarnación misma de la muerte, que le encargaba un Réquiem para él mismo.

    Hoy en día sabemos con bastante certeza que aquel ser misterioso fue un mensaje enviado por el Conde Walsegg para solicitar una misa de Réquiem en memoria de su esposa recientemente fallecida.

    Mozart falleció antes de acabar la obra, aunque durante los días previos a su muerte dejó anotaciones sobre las partes que faltaban. Debido a las necesidades económicas de la familia, Constanza se dedicó a buscar al mejor de los alumnos de su marido para completar el encargo y poder cobrarlo. El elegido fue F. X. Süssmayr, autor del Sanctus, Benedictus y Agnus Dei, además de diferentes aportaciones en otros movimientos.

    ¿Por qué en Re menor?

    La tonalidad de la obra Réquiem de Mozart, Re menor, se ha asociado desde Mattheson hasta Schubert con la tristeza y la melancolía, pero también se ha usado para «conectar» con el poder divino. Mozart muestra con esta obra la cara triste de la muerte, que puede sentirse con los pasos lentos del comienzo de la obra; pero también la majestuosidad de lo divino, exaltada en el Rex Tremendae y suplica por el perdón de su alma en el mismo movimiento.

    Pasos fúnebres introducen el Réquiem de Mozart

    Durante los primeros compases de la obra sentimos los pasos lentos y fúnebres en las cuerdas, como si fuesen los portadores del féretro. La contestación entre graves y agudos también nos transmite cierta melancolía, casi como suspiros, una figura que está presente a lo largo de toda la obra. Por encima de esto, el resto de instrumentos se van sumando poco a poco comenzando con un semitono descendente, empleado a menudo para expresar dolor. Con esta introducción Mozart establece con claridad el contexto y sentimiento de la obra.

    Contraste de sentimientos y emociones

    A lo largo de todo el Réquiem pueden apreciarse ejemplos de los llamados tópicos del Clasicismo. En el Dies Irae, el «día de la ira», podemos sentir el fulgor e inquietud en los motivos rápidos de la cuerda y en el Rex Tremendae aparece la figura del exclamatio (¡Rex!, ¡Rex!)que clama piedad a Dios. El Confutatis es quizás el movimiento con mayor contraste emocional.

    En la primera sección casi se sienten las «llamas del infierno» a las que serán arrojados los condenados, mientras que en la segunda, Mozart ruega por el perdón de su alma, acompañando la súplica con los contratiempos de las cuerdas agudas, que aportan urgencia. El Lacrimosa es una muy conseguida representación del llanto por la muerte. Sentimos los pasos presentados al inicio de la misa, pero esta vez con lamentos incorporados.

    El Sanctus representa la cara majestuosa de lo divino y el Benedictus («Bendito sea el que viene en nombre del Señor») es el más amable y luminoso de los movimientos, completando ambos con una fuga de carácter jubiloso que canta «Hosanna». Al final de la obra, Süssmayr mantiene la unidad, finalizando como comenzó su maestro, con los pasos fúnebres y una fuga sin precedente que clama piedad al cielo.

    Andrea Bernal, junio 2021

    Traducción del texto

    Para comprender en profundidad el sentido de esta magnífica obra, te recomendamos sigas la traducción de los textos mientras la escuchas.

    1 comentario en «Comentario sobre el Réquiem de Mozart»

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