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«Les Préludes» de Lizst

    Franz Liszt transformó el lenguaje musical del siglo XIX con el desarrollo del poema sinfónico, y Les Préludes (1854) es quizá su ejemplo más célebre. Este artículo ofrece una síntesis de su historia y estructura, invitando a escucharla como parte del programa Sueños y paisajes de la Orquesta COAM.

    Franz Liszt (Raiding, 22 de octubre de 1811 – Bayreuth, 31 de julio de 1886)

    Franz Liszt, además de ser un extraordinario pianista, fue un compositor que transformó profundamente el lenguaje musical del siglo XIX. Entre sus contribuciones más influyentes se encuentra el desarrollo del poema sinfónico, una forma orquestal en un solo movimiento que se desarrolla a partir de un contenido narrativo o simbólico. Aunque Héctor Berlioz ya había explorado la música programática años antes, fue Liszt quien definió el género y lo convirtió en una práctica sistemática. También fue pionero en el uso de la transformación temática, técnica que permite que un mismo motivo evolucione a lo largo de la obra, reflejando distintos estados emocionales. Estas innovaciones, presentes en obras como Les Préludes (Los preludios) (1854), marcaron un camino nuevo para la música narrativa y dejaron una huella profunda en generaciones posteriores.

    Les Préludes

    Entre 1848 y 1858, Liszt compuso 13 poemas sinfónicos, cada uno inspirado en una fuente literaria, filosófica o artística. Algunas de estas obras fueron concebidas desde el inicio como poemas sinfónicos, mientras que otras evolucionaron a partir de proyectos anteriores. Les Préludes (1854), el más conocido de sus poemas sinfónicos, tiene una historia especialmente interesante.

    El proyecto original: Los Cuatro Elementos

    Antes de convertirse en Les Préludes, esta música fue concebida como una obertura para un ambicioso ciclo coral titulado Les Quatre Élémens (1844–1848), basado en poemas del francés Joseph Autran: La Terre (la tierra), Les Aquilons (los vientos del norte), Les Flots (las olas) y Les Astres (los astros). Liszt compuso cada pieza para voces masculinas con acompañamiento de piano, con la intención de orquestar el conjunto completo, y proyectó una gran obertura sinfónica como introducción al ciclo.

    Aunque el ciclo coral no llegó a completarse, probablemente porque los poemas de Autran no ofrecían el impulso expresivo que Liszt buscaba para una obra de mayor envergadura, la obertura sí sobrevivió. Ya en 1850, el manuscrito mostraba una estructura casi definitiva.

    El giro poético: Lamartine y la resignificación

    Fue entonces cuando Liszt recurrió a Les Préludes, una oda del poeta romántico Alphonse de Lamartine, publicada en 1823. Sin cambiar ni una sola nota de la música, Liszt añadió el título y un texto programático que vinculaba la obra con la idea de la vida como una sucesión de preludios a la muerte. Esta resignificación no fue un simple gesto estético, sino que reflejaba la profunda afinidad de Liszt con el idealismo lírico y filosófico de Lamartine, cuya poesía exalta la naturaleza, el amor, la lucha y la trascendencia.

    ¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la muerte?
    El amanecer encantado de toda existencia está anunciado por el amor,
    y sin embargo, ¿en el destino de quién no están interpretados los primeros latidos de la felicidad por tormentas cuyas violentas ráfagas disipan las más caras ilusiones del Ser, consumiendo su altar con un fuego fatal?
    ¿Y dónde debe hallarse el alma cruelmente golpeada, que habiéndose convertido en juguete de una de esas tempestades, no busca olvido en la dulce quietud de la vida rural?
    Sin embargo, el hombre pocas veces se entrega a la calma beneficiosa que al principio lo encadenó al regazo de la naturaleza.
    Tan pronto como la trompeta hace sonar la alarma, corre él al puesto del peligro, aunque sea la guerra la que lo convoque a sus filas,
    pues hallará nuevamente en la lucha completa autorrealización y plena posesión de sus fuerzas.

    — Franz Liszt, texto programático para Les Préludes, publicado por Breitkopf & Härtel, Leipzig, abril de 1856.

    Análisis musical: De los elementos al poema sinfónico

    El análisis que sigue se basa en el artículo publicado en la enciclopedia digital Academia Lab, que reúne aportaciones de diversos especialistas en Liszt y su obra coral, como Andrew Bonner, Keith T. Johns o Joanne Cormac. Para quienes deseen profundizar en los detalles técnicos y en la relación de la obra con los coros de Les Quatre Élémens, animamos a leer el artículo completo en la página mencionada.

    Concebida inicialmente como obertura del ciclo coral Les Quatre Élémens, en Les Préludes se reconocen motivos inspirados en los cuatro temas poéticos de las partes corales a las que esta obra estaba destinada a preceder: la terre (la tierra), les aquilons (el viento), les flots (las olas) y les astres (los astros).

    La obra responde al modelo de obertura sinopsis, característico del Romanticismo: una presentación de los temas principales organizada en episodios contrastantes que ofrecen al oyente una visión general del drama. Como es habitual en este tipo de oberturas, se abre con una introducción lenta y culmina con un final brillante, donde los motivos reaparecen de forma triunfal en lo que puede describirse como una auténtica apoteosis.

    Además, la pieza se articula en torno a un motivo de tres notas descendentes, transformado de múltiples maneras a lo largo de la partitura. Este recurso asegura la unidad y continuidad del discurso musical, reforzando la dimensión cíclica de la obra..

    Análisis por secciones

    • Andante – Introducción (cc. 1–34)
      El tema de las estrellas (Les Astres) aparece en las cuerdas, acompañado de pizzicati y arpegios. Es un motivo frágil y misterioso, basado en la célula de tres notas descendentes que unifica toda la obra
    • Andante maestoso (cc. 35–46)
      La tensión inicial se resuelve en un brillante do mayor. Reaparecen elementos del coro Les Astres: acordes solemnes en los vientos, arpegios luminosos en las cuerdas y la proclamación del tema en los metales.
    • L’istesso tempo – Amor celestial (cc. 47–69)
      Los violonchelos presentan un tema lírico procedente de Les Astres, asociado al amor divino. La célula de tres notas sigue siendo el núcleo estructural, reforzando la continuidad temática.
    • Amor terrenal – La Terre (cc. 69–108)
      Trompas y violas introducen un tema pastoral derivado del coro La Terre, vinculado al amor humano y la primavera. Su ritmo oscilante de barcarola y el acompañamiento de arpa evocan naturaleza y vitalidad, con ecos también de Les Flots.
    • Allegro tempestoso – Tormenta (cc. 109–181)
      Motivos cromáticos y figuras orquestales recrean la fuerza de los vientos (Les Aquilons) y las olas (Les Flots). Es un episodio dramático de gran intensidad.
    • Allegretto pastorale – Calma (cc. 182–343)
      Tras la tormenta, regresa la serenidad con un tema pastoral. El oboe y el arpa aportan dulzura, mientras un motivo de danza campesina refuerza la atmósfera bucólica.
    • Allegro marziale animato – Apoteosis final (cc. 344–419)
      Los temas de amor se transforman en fanfarrias y marchas triunfales. El tema de las estrellas reaparece con fuerza en los metales, culminando en una exaltación marcial y brillante.

    Lamartine: el poeta que inspiró a Liszt

    Alphonse de Lamartine fue una figura clave del romanticismo francés, admirado por su sensibilidad espiritual y su visión del arte como vehículo de elevación moral. Su oda Les Préludes plantea preguntas existenciales: “¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a esa canción desconocida cuya primera nota solemne es la muerte?” Esta visión resonó profundamente en Liszt, quien encontró en ese texto una afinidad con el carácter introspectivo y transformador de su música. Más que ilustrar literalmente el poema, Liszt pareció reconocer en él una clave interpretativa que legitimaba la evolución emocional ya contenida en la partitura. Así, Les Préludes se convirtió en una obra abierta a múltiples lecturas: desde la evocación de los elementos naturales hasta la meditación filosófica sobre el destino humano.

    Sobre la imagen de portada

    La escultura de portada corresponde al Monumento a Franz Liszt, realizado por Hermann Hahn en 1902 y situado en el Park an der Ilm de Weimar, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO. En esta ciudad, Liszt desarrolló el género del poema sinfónico, siendo Les Préludes su ejemplo más célebre, y convirtió Weimar en un centro cultural europeo que atrajo a músicos, escritores y artistas.

    Resumen final

    Este recorrido por Les Préludes nos invita a escuchar la obra no solo como un ejemplo brillante del poema sinfónico, sino también como una travesía entre ideas, formas y significados. Desde su origen como evocación de los elementos naturales hasta su resignificación poética, la música de Liszt despliega un paisaje sonoro en constante transformación. En el contexto del programa Sueños y paisajes de la Orquesta COAM; esta obra encarna el tránsito entre lo visible y lo imaginado, entre la materia y la emoción. Como sugiere el título del concierto, se trata de una música que no describe, sino que sugiere; que no ilustra, sino que despierta. Y en ese espacio abierto entre el sueño y el paisaje, Liszt nos invita a descubrir nuestros propios preludios.

    👉 Puedes seguir leyendo sobre la segunda parte del concierto «Sueños y paisajes», aquí.

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